





Las fotografías de sus hijos, de sus nietos, y de su esposa; esa a quien extrañaba tanto como a las dichas de cada día, llenaban los espacios de la desgreñada pared de madera, eran retratos que, mas que traer a su frágil memoria los buenos recuerdos, eran para recordar que algún día, hace mucho, el había encontrado todo aquello que estaba buscando.
En una silla, vieja y un tanto coja, estaba un corpulento anciano, con la vista perdida, como la tenía a menudo, miraba a través del empañado vidrio de la ventana y espiraba el denso humo de su vieja pipa de roble. En un momento, volvió a respirar con mas fuerza, se levanto de su asiento y abrió la bóveda de su piso , esa que daba hacia el mar, cogió la caña y la lanzó.
El día estaba calmo, las gaviotas revoloteaban por encima de las casas, y las olas se mecían leves.
El crepúsculo había caído y el hermoso tomo naranja que brindaba el sol, inundaba la rustica habitación, más en el anciano no provocaba nada mas que una irremediable melancolía. Cerró la ventana porque la brisa marina se estaba tornando helada, abrió una gaveta y saco lo de siempre; un tenedor, un cuchillo y su copa. Ya había cocinado el pescado y las papas, ahora tomaba la botella de vino y vertía una generosa cantidad en la copa, comía sin prisa, pues de ningunaoblación era dueño, termino su plato, se levantó y fue a la cama, ya era hora de descansar.
Los primeros rayos de luz entraron por debajo de la puerta y luego de un rato la casa ya estaba clara. El anciano, aún sin abrir los ojos, buscó su pipa, se la llevó a la boca y se levantó de a poco, pero al poner su pie en el piso notó que el piso estaba inundado, dio un suspiro de resignacion y sigio adelante. Camino hasta la puerta, donde se dio cuenta de que las bolsas con arena no habian sido de lo mas efectivas. Miró un retrato,y comprendió que ya era hora de dejar ese piso atrás, y comenzar a construir un nuevo piso, un nuevo cubo. Llegó una gran barcaza cargada de ladrillos y cemento, el capitán descendió del navío y subió las escaleras cargando los materiales, los dejó desparramados en el techo de la casa, y se marchó. Sentado en la misma banca de siempre, aplicó cemento y puso un ladrillo, desparramaba el cemento y dejaba los ladrillos encima, así lo hizo una otra y otra vez. La tarde avanzaba lenta, y el seguía trabajando, de repenteun gran estruendo remeció los cimientos de la casa y creo una gran onda en el agua, había comenzado a llover, pero eso no fue un impedimento de proporciones para el anciano, nada que un viejo paraguas atado a un trozo de madera, no pueda arreglar. Horas mas tarde el aguacero cesó, y el continuo en su labor. Mientras una gota de sudor descendía por su amplia frente, puso los últimosladrillos, a pesar de la expresión de su rostro, por dentro sintió una leve satisfacción; por haber finalizado y por volver a sentirse útil.
Empezó a cambiar las cosas de lugar, ya tenia su estufa, y un par de cajas, repletas de cosas que él creía necesarias. Volvió a su antigua habitación -que ahora estaba inundada- en bote, y en él iba depositando las cosas que había dejado olvidadas y ahora estaban flotando abandonadas. Mientras doblaba su espalda para recuperar un pesado cajón de su boca cayó la pipa, caía lenta, y bailaba por el agua, como despidiendose de su dueño. Él, desde el bote hundió la cabeza para ver la desconsoladora escena, comprendió que tendría que ir por ellaasí que saco la cabeza, volvió a subir, ordenó los cuadros que había rescatado hace un rato y se fue a acostar.
Volvió a amanecer, comenzó la rutina, se vistió, desayuno y espero a que pasara el mercader; ese que semana a semana, en su barco traía de todo lo que se pudiera imaginar, desde alfileres, hasta batiscafos. El anciano pidió las pipas, y el mercader le prestó una maleta, la abrió y comenzó a probarlas una a una, mas ninguna tenía aquellos suaves bordes, a los que se había acostumbrado por el paso de los años. Se resignó, entregó la maleta. Se despidió del mercader, peromientras le decía "adiós" pudo reconocer aquel traje de buceo, sin bacilar, preguntó costos y lo compró. Luego de aquella transacción, entro raudo a casa, se puso el traje y se preparó... caminó y se paró al lado de la bóveda que daba hacia el inundado piso de abajo, la satisfacción de volver a tener su pipa era el motivo mas fuerte para saltar. Contó : 1,2,3 y se fue de espaldas abajo. Ya estaba abajo, las burbujas afloraban con gracia desde su boca, y nadaba con mas agilidad que cuando caminaba, atravesó otra compuerta y al llegar a la otra tapa, logró ver su pipa, estaba en medio de la compuerta boca arriba, se deslizo rompiendo el agua, estiró su brazo para cogerla, ya la tenía, pero un recuerdo , en su mente se apoderó de todo su ser, el cuarto ya no estaba inundado, estaba todo como antes, su pipa estaba hay, pero en vez de agacharse y tomarla, una arrugada mano la toma y se la entrega, era la mano de su esposa, esa a quien amo toda una vida y esa de quien se debió despedir de inmediato pues su mente ya había recuperado el curso normal. Ya había logrado su objetivo, la pipa estaba en su mano, estaba ahora flotando en medio del cuarto inundado, miró hacia abajo y sintió la irresistible necesidad de volver a bajar, cada vez mas, bajar cubo a cubo, etapa por etapa, recuerdo tras recuerdo, volver a sentir aquello que ya partió, entregarse a la tibieza de cada beso ya muerto, de cada abrazo ya desvanecido por el tiempo, volver...aunque sea por un instante a sentirse apreciado, a saber que hay alguien que muere por el, y que también el es su mundo. Así, los anhelos tuvieron mas fuerza que la razón, y el anciano siguiódescendiendo, tiró con fuerza la compuerta y bajo otro cubo, esta vez lahabitación era mas amplia, tenia un par de sillas, un par de peces naranjos, y una cama...una cama. La mente del anciano nuevamente se entregó al placer de los recuerdos, en aquella cama, su esposa había enfermado, el le daba sus jarabes y otros medicamentos, sentado a su lado, el le narraba historias tan antiguas como su amor, para distraerla del sufrimiento diario...pero todo seempezó a desvanecer nuevamente, la cama volvió a estar vacía, y él se encontródivagando en medio de la habitación inundada, tratando de comprender el porque de su estadía, no había tiempo que perder, ni oxigeno tampoco, dio un pequeño brinco y se volvió a hundir, siguió bajando. En este cubo, lo mas llamativo era un sillón, un gran sofá familiar, ese donde todos se sacaban fotografias, nadando se acerco a el, mientras los peces que se enontraban cerca huian despavoridos,quizo recordar, y asi lo hizo ,en el sillón aparecieron su hija y su esposo, y sus dos pequeñas nietas, ademas de el y su mujer. El recuerdo se marcho tan rapidoque no alcanzo a mirar los rostros con claridad. Estaba ansioso. Siguio bajando, de inmediato reconocio ese cubo, y su mente entró una memoria, su hija entrando con su novio-el que despues seria su marido- y presentandolo a todos, el mirando cada detalle del interesado en la mano de su hija, registrando cada movimiento, cada gesto, pensando en que el debería cuidar de ella, quererla y respetarla... al fin decidió, y le estrecho la mano. Al ocurrir esto, es recuerdo se acabo, y el siguió bajando, entro al siguiente cubo, y casi de inmediato reconocióuna mesa, esa donde el leía el periódico y su esposa desayuna, también cuando su pequeña hija no terminaba de comer y se marchaba a la escuela. En anciano mientras seguía descendiendo divagaba entre recuerdos, ahora veía a su hija aún mas pequeña gateando por la casa,y jugando, haciendo torres de cubos.
En un momento de cordura se detuvo. Respiro a través del tanque de oxigeno y miro hacia arriba, ya había bajado mucho, y lograba apreciar la cantidad de bóvedas abiertas. Había llegado al final, era el 1º cubo, un humilde, y pequeño cubo, donde apenas caía, una cama, una mesa y un par de sillas,miro a su alrededor y miro la puerta de salida, la abrió, y contemplo que que había a su haber, alzo su vista y vio una inmensa torre de cubos, una vida de recuerdos, construidos entre el y su familia, entre el y las personas a las que amaba.También habían otras torres al rededor, unas no tan altas, otras de solo dos cubos...y mientras el recordaba eso, se vio inmerso en su último recuerdo: Aún los mares no habían subido y las casas se construían con su base en tierra, a lo lejos se divisaba un árbol, con un inmenso y ancho tronco, estaba el, pero era un niño, y estaba también con su futura esposa jugando. Corrían alrededor del árbol y se perseguían como aquellas aves que jugaban arriba, en las nubes. A ratos llegaba la lluvia, pero ella, siempre precavida, llevaba su paraguas consigo. El tiempo pasaba rápido y seguían juntos al rededor del árbol, pasaron de ser niños a ser adolecentes, y de ser adolecentes a ser adultos, el le pidió la mano y ella acepto, un grito de felicidad remeció las hojas del árbol, haciendo que las aves que estaban arriba saliesen alborotadas de él. Ahora debían tener un hogar, y juntos, comenzaron a apilar los ladrillos, cerca del árbol, siempre. La casa estaba lista, y cada tarde disfrutaban con un buen vino, antes de cenar. Ambos estaban sentados, pero al momento de brindar, la ilusión ya acababa Se encontró flotando bajo agua,sentado en un mueble, brindando solo con una copa que ya llevaba muchos años olvidada.
Compredió que cada recuerdo tenia un valor inimaginable, que cada uno era especial a su manera, que sin importar el paso de los años, un recuerdo siempre va a ser un trozo de tu vida, que si las casas están hechas de ladrillos, tu vida lo esta de recuerdos. Decidió que era hora de subir, miró por ultima vez a través de la gasta ventana y comenzó el viaje de vuelta.
Ya era de noche, y era hora de cenar, volvió a poner la pipa en su boca, con la certeza de que nunca mas la dejaría ir, y fue a buscar las copas, mas esta vez era diferente, ahora traía dos. Sus brazos estaban débiles y temblaban, sirvió vino en ambas copas y bebió sin prisa, como siempre.


que linda la historia :)
RépondreSupprimerCuídate Gustavo ;*
Hola gustav ...
RépondreSupprimerMuy bella tu historia* me encanto! un poco triste pero ala vez hermosa, Gracias por compartirla, un saludo hasta pronto.