
Camine lento por los pasillos del frío hospital...
Llegue a la cama indicada por la enfermera, hay estabas tú.
Me senté a tus pies, respirabas agitada, tu mirada estaba perdida. Un maldito bip-bip marcaba cada vez que tu frágil corazón latía, tu rostro estaba cubierto por una mascarilla, ahora una maquina te brindaba oxigeno.
La melancolía inundaba aquella sala, una mujer golpeada por el animal de su novio, una abuela de tu edad con los riñones hechos trizas, y otras mujeres, cada una con una historia diferente.
A tu lado estaba Mirta, una señora que se hizo pasar por mi abuela para que el imbécil del guardia no me hiciera salir de tu habitación.
Estaba cansado. Mi rostro estaba sucio, al salir tan pronto de casa no tuve tiempo de hacer nada.
En un momento tus pupilas se dilataron y tu respiración se volvió aún más intensa, y empezaste a gritar. Desesperado salí de la sala y corrí para buscar ayuda, no había nadie, las malditas enfermeras estaban tomando café en su oficina. Sin golpear la puerta entré. Fueron a buscarte, abue, te inyectaron un calmante,y aún mas oxigeno. Me temía lo peor.
Te repusiste, volvi a tu lado.
Me preguntaba como te sentías ahora, mas no te quería hablar porque te agitarías. miles de preguntas me invadían. Con tu brazo morado por las agujas, y aún débil, buscaste mi mano, me apretaste. Creo que eso respondió a mis preguntas, creo que ese fue un : Luchare hasta el final, esta enfermedad de mierda no me matara, si no lo hizo tu abuelo no lo hará nada.
Se asomaba la noche por la sucia ventana, y con ella mi partida de ese recinto, quería almorzar, tomar una ducha, dormir.
Tome tu mano unos minutos, te dije hasta luego, besando tu frente, no te andes escapando.Tratando de disminuir la tensión. Me despedí de Mirta también, ella sonrió.
Bajé por las largas escaleras, me di cuenta de lo descuidado de mi apariencia y sonreí avergonzado. Mañana regresaría a aquella cama 24.







